¿Fieles pero insatisfechas? Cada vez más mujeres dicen amar a su pareja, pero no desearla

La idea de que el amor y el deseo siempre deben ir de la mano está siendo cada vez más cuestionada por mujeres que aseguran sentirse emocionalmente vinculadas a sus parejas, pero desconectadas del deseo sexual dentro de la relación.

Para Flavia Dos Santos, psicóloga y sexóloga de Gleeden, la plataforma de encuentros extraconyugales y no monógamos creada por y para mujeres, que ya supera los 600.000 usuarios en Colombia, esta situación no necesariamente representa una crisis de pareja, sino una realidad humana atravesada por factores culturales, emocionales y cotidianos que durante años han sido invisibilizados.

“Amor y sexo son dos funciones distintas. Muchas veces se ama donde no se desea y se desea donde no se ama”, explica la especialista de Gleeden, quien asegura que durante décadas se condicionó el deseo femenino a la idea de que solo podía existir dentro del amor romántico y de la relación estable.

Según Dos Santos, el deseo no es lineal ni permanente. Cambia con el tiempo, las dinámicas de pareja, el cansancio, la rutina, el estrés y las etapas personales. “Hay momentos en que puedes desear más a tu pareja y otros en que no. Somos seres humanos y estamos afectados por múltiples factores de nuestro entorno”, señala.

La sexóloga de Gleeden advierte que muchas mujeres han crecido bajo modelos culturales que las llevaron a sentir culpa frente a sus propios deseos o a interpretar la falta de deseo como un fracaso afectivo. “Fuimos entrenadas para creer que nuestro sexo solo es válido si estamos enamoradas”, afirma.

En ese contexto, asegura que uno de los mayores errores es interpretar automáticamente la disminución del deseo como el fin de una relación. “La señal de alerta no es dejar de desear momentáneamente; la verdadera alerta aparece cuando ya no hay coincidencias, proyectos compartidos o sentido dentro de la relación”, explica.

Dos Santos también subraya el impacto de la rutina y el agotamiento en la vida sexual. “El cansancio afecta directamente el deseo. Muchas veces, ocho horas de sueño pueden ser el mejor afrodisíaco”, sostiene. Para ella, el placer necesita tiempo, descanso y conexión emocional con uno mismo.

La sexóloga de Gleeden considera que actualmente muchas mujeres atraviesan un proceso de transformación y reconocimiento de su autonomía emocional y sexual. “Las mujeres están entendiendo cada vez más quiénes son, qué desean y qué están dispuestas a vivir”, concluye.

El debate sobre el deseo femenino, la fidelidad y la satisfacción emocional sigue ganando espacio en las conversaciones sobre relaciones modernas, especialmente en un contexto donde cada vez más personas diferencian el amor de la pasión y cuestionan los modelos tradicionales de pareja.

Salir de la versión móvil