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Termina la V Edición del Concurso Amateur de Literatura Erótica «Muerde la Manzana»

  • 2 julio 2025
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Un año más la V Edición del Concurso Amateur de Literatura Erótica «Muerde la Manzana», organizado por Gleeden, ha concluido repitiendo unéxito rotundo de participación.

Más de 100 los relatos recibidos que nos hacen partícipes de las fantasías más íntimas de los participantes, llegados de España y Latinoamérica.

Un año más Gleeden ha organziado su certámen anual de Relatos Eróticos amateur «Muerde la Manzana», un concurso que se va afianzando edición tras edición. Por swgundo año, el concurso se organizó íntegramente online a través de IG de la mano de nuestra embajadora, la periodista e influencer Marta Riesco y de reputadas escritoras de novela erótica como Alessandra Neymar y Estefanía Ruíz, que también han actuado como jurado, acompañadas este alo del creador de contenido literario @booksandmark.

Esta edición, el relato ganador del concurso, que se lleva un fin de semana erótico-festivo para dos de «Mil y Una Noches» es de Eve Keating, se titula «ASIENTO 22″ y es este:

El desvergonzado sol de Madrid se colaba por las rendijas de la ventana de su piso de alquiler. Sentada en el sofá cubierta por una bata de raso en color frambuesa perdía sus pensamientos entre las páginas del último libro que había adquirido en un mercadillo de antigüedades. El calor apabullante impregnaba su piel y se adhería a ella sin miramiento. A la vez que la historia que vivía en el libro que estaba leyendo aumentaba sin mesura la intensidad de las escenas eróticas. La descripción de aquella lengua lamiendo el sexo de la protagonista sumado a la sofocante temperatura que reinaba en aquella estancia, hizo que la respiración de Greta se tornara en unos tímidos jadeos. Se imaginaba a ella misma siendo lamida y besada entre los labios de una desconocida, cumpliendo una fantasía que siempre había anhelado cumplir. Unas descaradas gotas de sudor danzaron por su escote como del ardor que estaba experimentando. Desvió sus ojos hacia la copa que descansaba sobre la mesa del salón y avistó un cubito de hielo abandonado entre los restos del naufragio del vino que casi había bebido al trago para mitigar los sofocos. Aquel hielo sirvió como tapadera para paliar el bochorno que imperaba en el piso. Deslizó con su mano derecha la tela que cubría su pecho dejándolo a la vista de cualquiera que estuviera asomada a aquel patio de manzana. Cogió el cubito y con movimientos descarados lo frotó por su pezón haciendo que se pusiera duro. Pero el sonido del móvil la disoció de aquella entrega a su propio placer cuando al otro lado de la línea su jefa le recordaba que le había enviado el billete del tren que debía coger en una hora. Greta saltó del sofá de manera instintiva y cogió un vestido de seda que dibujaba sus pezones de forma nítida. Probó unas bragas beige pero la tela era demasiado traicionera para permitirse llevar algo debajo. Metió las llaves de casa en el bolso y echó un vistazo rápido para comprobar que no olvidaba nada. Al deslizar con ímpetu el pomo de la puerta, un estruendo llamó su atención. La prisas le habían llevado a colocar sobre un taburete la bata que acababa de desquitarse. Tras ella y como si de una profecía se tratase, había caído al suelo el libro que había estado leyendo.

–       Venga, te vienes conmigo -se dijo a sí misma la joven mientras que le regalaba una sonrisa al libro y lo cogía del suelo.

El calor seguía embadurnando su dermis y la carrera hacia el tren no ayudó en absoluto para redimir dicha osadía. Al llegar a su asiento la prisa traicionera le hizo entrometerse entre las rodillas del que sería su compañero de viaje las próximas horas para poder sentarse sin pararse ni siquiera a mirarle.

–       Por fin -rechinó Greta entre dientes al sentirse vencedora de haber sido capaz de llegar al tren con tan poco adelanto.

–       Hubiera preferido un disculpa por haber trepado por mis piernas sin pedir tan siquiera hueco para pasar -le reprochó tajante el joven que se sentaba a su lado.

La vergüenza impregnó el rostro de Greta que se coloreó rosado y su corazón aceleró el ritmo haciendo que notara como aquel intrépido músculo pareciera salírsele del pecho. Pero era tal el avergonzamiento por haber arrasado todo a su paso presa del nerviosismo que le invadía al pensar que perdería el tren, que la joven no fue tan siquiera de girar el rostro para entonar una disculpa.

–       Lo siento -optó por decir con la cabeza gacha mientas que sacaba del bolso el libro que se encontraba leyendo para poder esconderse entre sus páginas.

Rápidamente clavó sus ojos en el doblez de la página que había marcado y se dirigió a ella para poder evadirse de nuevo. Nada más retomar la ardiente historia, sus pezones se irguieron de nuevo, marcándose a través de la suave seda del vestido. Aquel gesto acaparó la atención del desvergonzado joven, que parecía menor que ella, robándole una pícara sonrisa.

–       Parece que te está gustando lo que lees, ¿no? – se dirigió de nuevo a ella sin recato alguno mientras sostenía su mirada dirigida a los pezones de Valle.

Ella interceptó la mirada del atractivo joven y adivinó rápidamente donde se hallaba anclada provocándole de nuevo un hastío de vergüenza y a. la vez cierto morbo.

–       Y a ti parece que te está gustando lo que ves, ¿no? – le reprendió Greta llevando sus brazos a cubrir pechos como si aquello pudiera borrar de la mente del joven lo que acababa de ver, simulando un tono de enfado.

Pero la sonrisa cuquera que pintaba la cara de aquel desconocido, la profundidad de sus ojos oscuros y el morbo de un instante no planeado le regaló a Greta un escalofrío que estremeció su cuerpo haciendo que juntara sus piernas entre sí intentando esconder la sensación que acababa de experimentar. Notando como su sexo que se hallaba desprovisto de ropa interior se deshacía lentamente como si de un pequeño rio se tratase, haciendo que su flujo manchara el delicado vestido de seda.

–       Parece que a alguien más le gusta lo que ve. ¿Has llegado a la página del libro donde un desconocido se lame los dedos, luego le acaricia el muslo a la protagonista y acaba masturbándola en el asiento? -preguntó deslenguado el joven desconocido.

Aquellas palabras encendieron aún más a Greta que sacó extasiada el aire que llenaban sus pulmones en una exhalación casi mística, dirigiendo la mirada hacia el joven desconocido a la vez que separaba un poco sus piernas abriendo los labios de sexo mojado. Como si con aquel gesto le estuviera concediendo el beneplácito de cumplir lo prometido. Acto seguido el joven desconocido lamió sus dedos y comenzó a acariciar con delicadeza el muslo de Greta. Que tragó saliva y cerró los ojos regalándose al placer de aquel instante, sabiendo que los dedos de aquel atractivo joven acabarían dentro de ella. 

…

 

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